Nací el 17 de diciembre de 1992, en la ciudad más bonita del mundo, Sevilla. Me crie, a caballo, metafórica y casi literalmente, entre la capital hispalense y un terreno agrícola de la localidad de Arahal.

Mi etapa escolar, la recuerdo con especial cariño, entre monjas, agradables profesores, y compañeros que se convertían en mis primeros amigos. San Miguel Adoratrices, fue mi cole, pero solo se impartía enseñanza hasta la E.S.O. Cuando acabé cuarto, mi vida dio un giro, porque lo que era mi segunda residencia, se convirtió en mi hogar. Mi familia decidió que nos trasladábamos al campo, situado a 17 kilómetros de Arahal. Lo positivo, el aire puro, la naturaleza y el poder montar al mejor regalo de cumpleaños, mi caballo bayo Spirit, por la campiña sevillana. Pero llegó un momento temido, el de enfrentarme a un nuevo entorno, el instituto. Realicé bachillerato en Al-Ándalus, situado en la susodicha localidad. Hoy en día, me alegro, porque me sirvió para abrir el circulo de amistades y conocer otras costumbres, dialectos peculiares y, en definitiva, para ya no sentirme ni de ciudad, ni de pueblo, sino diferente, en todo caso, de campo.

Regrese a la capital con 17 años para realizar la carrera. Pero esta vez, reabría las puertas de la vivienda de Sevilla sola. Tocaba afrontar la responsabilidad de la independencia, y la de estudiar como nunca, porque al fin, era lo que me gustaba. Logré entrar en el grado que quería: Comunicación Audiovisual ¿Por qué no me decanté por periodismo? Pues porque el cine también me llamaba la atención, vi un temario más completo, y consideré, que se ampliaban las salidas profesionales.

Durante la carrera, comencé a interesarme por la moda, sentí el gusanillo de una pasarela y los focos. Me presenté a un certamen de belleza, y a raíz de ahí, empecé a codearme con fotógrafos, agencias, etc. Compaginaba los estudios con cástines, sesiones de fotos, trabajos de azafata de imagen, promociones, figuración, pequeñas partes en series y en la gran pantalla, e incluso, como actriz en videoclips musicales.

Las prácticas, las realicé en RTVE Cádiz, durante los meses de verano de 2014, uno de los mejores de mi vida. Experimentar en primera persona, como funcionaba un gran medio de comunicación, codearte de profesionales, estar en el foco de la noticia… alimentó aún más mis ganas de aferrarme a mi sueño y luchar por él.

Cuando acabé el grado, tenía trabajos esporádicos de muy diversos sectores, toda una buscavidas en acción. En 2017, disponía de ahorros y me decidí a realizar un máster de locución de radio y televisión. En 2018, toc toc, un poco de suerte llamo a mi puerta, me ofrecieron la posibilidad de trabajar de cámara en la televisión local de Arahal durante Semana Santa. Era algo eventual pero menos era “na”, y supongo, que mi entusiasmo, fue mucho, porque poco después, quedó una vacante en el medio digital vinculado, y como community manager, estuve trabajando en torno a un año. En varias ocasiones, mi inquietud por la rama más periodística, me hizo voluntariamente realizar crónicas de eventos a los que asistía, cada publicación en el periódico era una victoria.

Un día, una de mis mejores amigas, me envió una oferta de empleo que había visto por internet, donde buscaban para una televisión por cable autonómica, operadores de cámara, reporteros y reporteras, otro ámbito que me llamaba, y estaba deseando experimentar. Me postulé, y pasé la prueba, tanto de cámara, como de reportera, por lo que comencé a compaginar mi trabajo de community manager con algunos reportajes. Al mes, me ofrecieron un mejor puesto, me tenía que encargar de la producción y realización de todos los reportajes que se realizaran en Sevilla capital, y lo acepté, mudándome de nuevo a mi ciudad. 2019 fue un año muy enriquecedor profesionalmente, pero necesitaba más.

Cogí los pocos ahorros que tenía, y me fui a Madrid. En enero de 2020 me encontraba en una gran ciudad, con muchas más posibilidades en lo audiovisual, pero sin conocer a nadie, buscando un hogar y un trabajo. Era el cambio más radical al que me había enfrentado, pero todo fluía y a través de un portal de empleo encontré una oferta que me trasmitía, sabía que era yo a quien buscaban. Necesitaban a alguien que se encargara de la comunicación de dos orquestas, llevarle redes sociales, realizar fotografías, vídeos, disponibilidad para viajar en la gira… Efectivamente ¡era yo! y así fue efímeramente, hasta que el coronavirus quiso. Un sueño en pause, pero no en stop.

A día de hoy, de nuevo en Sevilla, porque tocó reinventarse, con proyecto propio entre manos. Emprendedora, o luchadora, me dicen…